Jorge Beinstein
Las narco-mafias, centro y periferia

El mafioso desarrollo de los años 90 constituye un dato decisivo del proceso de mundialización neoliberal. Uno de sus indicadores es el tráfico de drogas, que genera ingresos evaluados durante el decenio en alrededor de 550 mil millones de dólares, en acelerado crecimiento. Hacia fines de los años 80, américa Latina producía alrededor de 400 toneladas anuales de cocaína. Diez años más tarde rondaba las 1000T; en el mismo período Birmania pasaba de 800 a 2400T anuales de heroína, sin hablar de otros grandes productores de Africa y de Asia Central. Giorgio Giacomelli , director del PNUCD ( Programa de las UN para el Control de Drogas) afirmaba recientemente que " el consumo de drogas en los EEUU principal destino de los estupefacientes, ha aumentado tanto que se calculan en 30 millones los toxicómanos, o sea 1/8 de la población"

En 1977, el PNUCD estimaba que los consumidores de estupefacientes representaban alrededor del 4,1% de la población mundial, es decir 235 millones de personas, pero es necesario reconocer que siempre los toxicómanos son los que tiene mayor poder adquisitivo en los países ricos y entre las élites superiores de los países periféricos quiénes permiten que el sistema funcione. En realidad la producción y distribución de drogas ha seguido el mismo histórico circuito de las relaciones centro-periferia: a los campesinos pobres de las regiones subdesarrolladas una porción de los ingresos totales y a los narcotraficantes ya sus asociados del mundo de las finanzas, en los polos ricos de distribución y de consumo, la mayor parte de esos ingresos, más del 90%, según la mayoría de los expertos.

De modo que esto jugoso tráfico, que es esencialmente un negocio de los países ricos, constituye un verdadero estigma para muchos países subdesarrollados que sufren devastadoras consecuencias sociales e institucionales-En cuanto al reciclado de dinero sucio, se presenta siempre de modo poco claro no en razón de la clandestinidad y de la complejidad de las operaciones sino por efecto de los grandes intereses económicos y políticos occidentales que por variadas y múltiples razones (complicidad directa, preservación de la imagen "civilizada" de dichas sociedades) oscurecen las pistas. El resultado es que ciertamente la narco-economia aparece en los medios pero mezclada a personajes exóticos, a jefes sanguinarios que residen (o son originarios) de los arrabales del planeta: un despiadado "capo" latinoamericano o árabe, un "señor de la guerra" asiático o aún más de moda un mafioso ruso (preferentemente ex agente de la KGB). Perp estos personajes del subdesarrollo son piezas subordinadas de manera estratégica a sólidas estructuras de los países altamente desarrollados. Jean Zieglr ha demostrado el papel de la banca suiza en el blanqueo de dinero sucio y en los años 90, el Instituto Francés de Relaciones Internacionales aludía con términos muy diplomáticos, al hecho de que "las operaciones (de blanqueo) esenciales para los traficantes no podrían hacerse sin cieta complicidad, es decir complacencia, del sistema bancario. Los bancos de los países desarrollados no han vigilado mucho la procedencia de los fondos depositados" y señalaba a continuación que "un informe del IHESI (Instituto de altos Estudios de Seguridad Interior) muestra que ciertos bancos franceses han utilizado sucursales localizadas en paraísos fiscales para efectuar operaciones que borran el origen ilícito de esos capitales para transferirlos inmediatamente a sus filiales europeas. Podemos pensar que muchos organismos bancarios de los países desarrollados hacen lo mismo."

El blanqueo se hace pues a través de bancos y de otras organizaciones financieras estadounidenses con sede en el territorio de los EEUU o por medio de operaciones en Europa o en menor medida en la periferia.

Aunque se hallan detectado muchos casos de blanqueo de dinero, la culpabilidad recae siempre en los empleados subalternos. En 1994 por ejemplo el tribunal de Houston (Texas) aplicó una multa de 32 millones de U$S al Banco American Express por haberse mezclado en un negocio de blanqueo de dinero sucio. Se encontró culpables de blanqueo a dos directores de sendas agencias, a partir de cuentas American Express alimentadas por depósitos anónimos procedentes de agencias localizadas en las Islas Caiman; pero los agentes federales no bien seguros de que el banco se hallaba implicado, decidieron no inculparlo. Con relación a la utilización de los bancos de países periféricos en operaciones de blanqueo, Michel Chossudovsky destaca, por ejemplo a los "bancos privados (peruanos) sospechosos de haber participado de operaciones de blanqueo y pasados bajo el control de capitales extranjeros, tales como el Interbanc, un banco estatal comprado en 1994 por Darby Overseas, un consorcio domiciliado en las islas Caiman. Según el Financial Times: Darby decidió invertir rn rl sector de los bancos peruanos con alto coeficiente de riesgo... Los fundadores del Darby son el señor Brady (antiguo Secretario del Tesoro del Presidente Georges Bush, su exjefe de gabinete Hollys Mac Laughlin y Daniel Marx exsubsecretario de del Ministerio de Finanzas argentino El principal responsable del Interbanc es Carlos Pasor antiguo Ministro de Economía y de Finanzas del Perú a principios de los 80 (S. Bowen, "Ex-US Secretary´s Company Buys into Bank, Brady Investment in Perú", Financial Times, 22 Juillet 1994)".

Una trama amplia y compleja

El tráfico de estupefacientes es un elemento esencial pero no el único de un vasto sistema compuesto por innumerables "negocios" estrechamente interrelacionados y controlados por redes mafiosas más o menos estables: el tráfico de armas, la prostitución, la "protección" los secuestros, el juego clandestino, el contrabando a gran escala y el de materiales nucleares, el mercado negro de divisas. Pero a estos negocios ilegales deben agregarse las actividades legales controladas gracias a los fondos obtenidos de manera legal en la industria, el comercio, el turismo, el sector inmobiliario, el transporte, la especulación financiera, etc.

Este universo ilegal-legal no constituye una zona cerrada y la búsqueda de sus fronteras puede convertirse en un ejercicio inútil. No muy lejos del tráfico de drogas o de armas se encuentra por ejemplo el saqueo del patrimonio público de los países periféricos (privatizaciones y diferentes tipos de desvíos) y en muchos casos es posible observar la connivencia de personajes muy conocidos en el hampa internacional con Jefes de estado y altos funcionarios internacionales. Esta "mezcla de negocios" podría utilizarse para confirmar la teoría de la "invasión" del capitalismo a través de grupos mafiosos procedentes de la periferia: los gangsters del Tercer Mundo utilizarían todo tipo de artificios para apoderarse de la economía mundial. Pero un más profundo análisis demostraría fácilmente que los estados-mayores se originan en el centro del mundo, en las zonas ricas, especialmente del G7. Infiernos y paraísos

Otro caso similar al de los delincuentes que trafican drogas, a partir de la periferia, es el de los "paraísos fiscales" Su descubrimiento proyecta el lugar clave de la trama mafia-finanzas; es en ellos en que se anudan los numerosos negocios ilegales, donde circula el dinero sucio, en que se crean las empresas fantasmas Su existencia depende de fuerzas internacionales superiores que les dan vida, que orientan su perfil, que deciden su fecha de nacimiento y de muerte. Para la mayoría estas fuerzas no son ilegales ni desconocidas. Por el contrario se trata de grandes instituciones, de importantes empresas transnacionales, de respetables hombres públicos, de "democracias evolucionadas". Estos paraísos se reproducen porque sirven a los centros de poder.

Un buen ejemplo es el asunto FIMACO, una sociedad financiera fantasma, creada a principios de los 90 en la isla de Jersey y a través de la cual el grupo Yeltsin desvió más de 50 millones de dólares del Tesoro ruso. La operación que se desarrolló escalonadamente durante un decenio, era conocida por las más altas instancias financieras internacionales, comenzando por el FMI y lógicamente por los gobiernos de los EEUU y de la Unión europea. Esta enorme estafa benefició no solo a la familia Yeltsin, sino a las Bolsas de Valores y a otros organismos financieros de los países industrializados que recibieron inversiones, pero también a las potencias occidentales que de este modo fortalecieron su dominio sobre Moscú por la vía de sus servidores locales.. En estos negocios la isla de Jersey jugó un papel importante pero totalmente secundario.

Delincuencia y dinámica del capital financiero

Según Jean Ziegler, las prácticas delictivas constituyen la "etapa superior", "paroxística" del capitalismo caracterizado por la obtención de grandes beneficios a velocidad vertiginosa. Esto es en gran medida cierto pero no comprenderíamos totalmente esta mutación si no nos refiriéramos a los excesos " de la totalidad financiera" de las empresas, embarcadas en la obtención de ganancias especulativas que compensen ampliamente la caída de los beneficios observados en sus actividades productivas debido a la cada vez mayor dureza de los mercados. La aparición del "capital-gangsterismo" debe asociarse igualmente a la generalizada desregulación, a la decadencia de los Estados y a su impotencia (o complicidad) frente a las tendencias económicas que han roto las barreras temporales de los antiguos procesos de acumulación de riqueza y cuya rapidez tiende a la depredación social en su más amplio sentido (economía, política, cultura, etc).

Ubicada en una perspectiva histórica, la crisis iniciada en 1977 aparece como la amplificación de un proceso entroncado en los años 70 cuando las tasas de crecimiento del PBI del conjunto de países del G7 tendían a ser pesadas. La economía mundial se vuelve cada vez más polarizada (centro-periferia) sumergiendo en la miseria a las poblaciones de los países subdesarrollados y empobreciendo a grandes sectores de los países ricos: en consecuencia, el ritmo de expansión de la demanda mundial se ha reducido pero el potencial productivo ha conservado su línea ascendente, arrastrado por la carrera tecnológica (un componente decisivo en la lucha por conquistar mercados).

Los desequilibrios inducidos han desencadenado un fenómeno de depredación de las fuerzas productivas que los neoliberales presentan como "destrucción creativa" pero cuyos nefastos efectos - desmantelamiento de empresas, eliminación de mercados y de empleos - han sido mucho más importantes que la pretendida creación de nuevas zonas de producción y de consumo. Se trata de una especie de "secuencia lógica" que parte del desvío de fondos surgidos de la esfera productiva (de rentabilidad decreciente) hacia "clásicas" operaciones financieras (compra de acciones y de obligaciones, etc), luego a medida que estas últimas se saturan, hacia formas de especulación más rentables y embrolladas (productos "derivados",etc.) para llegar por fin a los negocios ilícitos, apropiación de tesoros nacionales, etc. (desde el desmantelamiento de las empresas públicas de los países periféricos hasta el tráfico de estupefacientes). La decadencia de las sociedades y de los aparatos estatales, el alto y permanente desempleo, la primacía del "todo financiero", el pillaje mafioso han sembrado el caos en el sistema mundial dando lugar, desde la década del 70/80 desde los fenómenos (entrópicos) irreversibles hasta las metástasis de los 90.

El crack de 1997 fue por lo tanto una consecuencia inevitable del proceso de globalización, el sector financiero no podía crecer indefinidamente y tarde o temprano debía sufrir una verdadera crisis, su desgreñada mecánica de apropiación de patrimonios y de transferencia de ingresos fue ampliando diariamente la brecha entre aparatos productivos dominados por el parasitismo y la creciente masa de excluidos.

Más de tres años después de la caída de los "tigres" asiáticos, los pronósticos sobre la indefinida progresión del capitalismo liberal pasaron a segundo plano. La sucesión de recesiones y de hundimiento en la periferia, el prolongado estancamiento del Japón, la creciente debilidad de Europa Occidental (acompañada por un aumento de los desequilibrios sociales y económicos) y el inminente fin de la prosperidad estadounidense podrían ser el anuncio de crisis muchos más graves que hasta las ahora conocidas.

Jorge Beinstein